Invitados

JORGE GIMENO  

 

Jorge Gimeno (Madrid, 1964) es autor de los libros de poemas Me despierto, me despierto, me despierto (Pre-Textos, 2018), La tierra nos agobia (Pre-Textos, 2011) y Espíritu a saltos (Pre-Textos, 2003). Es autor asimismo de las antologías poéticas Noventa y nueva iluminaciones de Nasrudín (Pre-Textos, 2015) y El amor negro. Poesía del Barroco francés (Pre-Textos, 2009). Ha escrito ensayos sobre E. M. Cioran, Fernando Pessoa, Juan Ramón Jiménez y Mahmud Darwix, entre otros autores, y de sus traducciones cabe destacar las dedicadas a Rainer Maria Rilke, Wallace Stevens, Vivant Denon y Eça de Queirós. Ha sido profesor en la Universidad de Bagdad (Irak) y en los Institutos Cervantes de Lisboa (Portugal) y Fez (Marruecos). 

 

mise En ABYME

 

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Llegará el día, Dios tendrá que oírme, 

como yo oigo a los grajos

y su estulticia de bronce en el atardecer.

 

Declina el tiempo responsabilidades,

excepto la de estar a punto de volverme loco,

la del convicto movimiento de mi diafragma,

que canta y come y me cree vivo.

 

(No es que pasen los años 

con su camisa de fuerza 

que lacios los miembros 

ya no logran romper...)

 

Creo saber que me he perdido,

en la boca un gusto a pomelo, 

en el ojo la compañía daltónica de una buganvilla.

 

La poesía exige un exceso de determinación,

demasiada para la pobre mónada humana... 

 

Por ello sólo cuando se rompe, rota, hecha añicos, 

sólo entonces trasluce, y aun así 

por medio de un saber.

 

Es ley de locos.

 

 

EL SUBSUELO, AL AIRE LIBRE, O EL MENDIGO

O demasiado sublunar, o demasiado poco. 

 

¡Zas! Yo era un mendigo... 

 

Un ¡zas! es el sublime acontecer.

 

Sentado en la acera, me apoyo en una mano, con la otra pimplo. Tengo más clase que los dos caballeretes del Déjeuner sur l’herbe, de Manet. 

 

(A la altura de mi visual, el mundo es ptolomeico. Detenta la belleza de unas pantuflas olvidadas.)

 

 

Me miré las manos y repuse: ¡Ajá!... 

 

Se esfumó mi preocupación inhumana y mi humor melancólico. 

 

(Aquí, tirado en la calle, a veces pienso: tiene color de uña vieja el aire de esta salita.)

 

 

Antes, cuando era joven, almorzaba una lata de cassoulet, marca Champion. 

 

Ahora un take-away oriental, yo mismo lo aderezo en el suelo con dos salsas de sobre, agridulce y sésamo. 

 

(Vive bien y piensa en el origen del mundo.)

 

 

Ese busto taxidermizado que veis estratégico, soy yo. 

 

No soy un filósofo, en absoluto. No paso frío, charlo con colegas.

 

Los bulevares de París son la mejor eyaculación que he tenido, larga, ancha, espumosa de sol, nubes, cielo gris. 

 

La melena leonada —radiante de smog, perlada de calderilla. 

 

 

De noche sí que soy pobre. Mi sueño no tiene váter. Para dormir, he de hacerme cucaracha. 

 

Duchas calientes, mercromina fría en las llagas: me gustaría. 

 

 

La dicción no la he perdido. 

 

Es que no he perdido nada...

 

Sólo pido un poco de socialismo.

 

El pato necesita su maíz. Mi hígado es patrimonio nacional.

 

Ayudadme en mi estilo de vida...