Invitados

FREDY YEZZED  

 

Bogotá, Colombia, 1979. Poeta, escritor y activista de Derechos Humanos. Después de un viaje de seis meses por Suramérica en 2008, se radicó en Buenos Aires, Argentina.    Tiene publicado: La sal de la locura, (Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández, Buenos Aires, 2010; 5ta ed. Bilingüe español-francés, Nueva York Poetry Press, Nueva York, 2018), El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (Ediciones Del Dock, Bs. As., 2012; 4ta ed. AG Ediciones, Montevideo, 2018) y Carta de las mujeres de este país, (Nueva York, 2019), por el que recibió la Mención de Poesía en el Premio Literario Casa de las Américas 2017, La Habana, Cuba.

 

Como investigador literario escribió los estudios Párrafos de aire: Primera antología del poema en prosa colombiano (Editorial de la Universidad de Antioquia, Medellín, 2010) y La risa del ahorcado: antología poética de Henry Luque Muñoz (Editorial Universidad Javeriana, Bogotá, 2015). Ha obtenido además los siguientes reconocimientos: XII Premio Nacional Universitario de Cuento, Universidad Externado de Colombia, 2001; Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá, 2003; Premio Nacional Poesía Capital, Casa de Poesía Silva, 2005, y XXVII Concurso Nacional Metropolitano de Cuento, Universidad Metropolitana de Barranquilla, 2006.

.

 

CARTA CON UN PAISAJE BORDADO

Macarena borda paisajes bajo la tierra: montañas azules, 

aves turquesa, troncos rojos, libélulas verdes, hojas rosa, 

ríos lila, nubes esmeralda, rocas plateadas. 

Los hilos como una ola se mecen de una orilla a otra. 

Hay música y hay luz en su oficio paciente.

 

Macarena ensarta las agujas, estira sus hilos, hace sus nudos delicados. 

Arriba y abajo, el beso de la puntada sobre la tela. 

El paisaje revienta en rayos luminosos en sus palmas 

bajo el fondo mineral, luctuoso, impenetrable de su país.

 

Ella le da golpes de pecho a lo que hace mucho tiempo 

dejó de palpitar. Cose —sin darse cuenta— 

una herida antigua.

 

Bajo la tierra, junto a una ventana clausurada, con unas nubes grises, 

los hilos dorados encienden el fuego, 

susurran vocales de las que estallan azucenas.

 

Amordazada en la noche su lámpara canta. 

Su paisaje emerge de la tierra.

 

 

CARTA A LO QUE NACE EN LA PANZA DE LOS PECES

Esta tristeza, Juan, empujaría un barco río arriba.

En la panza de los peces eres también este país.

 

Me dijeron pueblo abajo que te vieron con tu hermosa 

desnudez desnudar la luz. Con tus ojos quietos

copiar la lluvia, memorizar las nubes. Con tu palabra

bullosa nadar en silencio.

 

Lo que el hombre dividió, los peces del río

―en su humilde hambre― reconcilian.

Lengua, seno, costilla recuerdan su pasado

y vuelven a ser lenguaje, olor, un pecho en qué habitar.

 

Desde el fondo turbio del río, con los cabellos

untados de barro, la espalda crucificada a ramalazos,

asciende un coro de vocales largas.

 

Van con sus cruces los nadadores olímpicos, buscando

tierra y consuelo en el fondo del río, 

oleando vida en la orilla de nuestro mar.

 

Todos los ríos de Colombia son hierbas frescas para los

amantes, cunas para los hijos,

tierra santa.

 

 

CARTA~MANIFIESTO Y ESAS FLORES VIOLETAS

Las flores de violeta tienen forma de corazón, mas no palpitan. 

Modestas, se han escondido debajo de un pino derribado a orillas del río. 

En un recodo han quedado sitiadas por el sueño. 

Y como en una tinaja de barro el verano ha calentado las aguas. 

De cada violeta ha salido una tinta azul, una grafía de humo en el agua. 

Como rodeadas de un aura, las violetas tiznan la orilla de un escarlata delicado. 

Si hay un dibujo de la muerte, pueden ser las violetas 

cortadas con sevicia. Llamadas a la desventura. 

No está el canto del mirlo en sus carnes, ni 

la palma ardorosa del amor, ni la risa 

del niño que las codició para su madre. 

Con suavidad el viento mete el dedo y revuelve 

la sopa sanguinolenta.

 

¿De quién estos racimos de sal, esta luna cercenada,

 las rodajas de él, ella, tú, nosotros?

 

Con esta imagen enloquecen los ojos de la mañana.

 

No te perdono, Poesía, que frente a este horror 

des un paso al costado.