Invitados

FRANCISCO LARIOS

 

Nicaragua. Ha publicado un poemario, Cada Sol Repetido, anamá Ediciones, Managua, Nicaragua, Noviembre del 2010 y una plaquette bilingüe Astronomía de un Sueño/Astronomy of a Dream, Barcelona, 2013. Es Doctor en Economía, es consultor de economía internacional, investigador y catedrático.

Defensa de la patria

(Homeland security)

 

Ni la migra sabe

cuánto fui deportado,

 

ni cuánto extrañé

los dos flancos

 

de la margen de todos los muros

que me truncan.

 

La migra no puede imaginar

este refugio

 

sin techo

y repleto de estrellas

que atravieso en la noche.

 

En esta noche,

y en este refugio,

 

en compañía de otros como yo,

sin techo

y llenos de estrellas,

 

cruzo la tiniebla a mis anchas:

 

es la única

libertad

que conozco.

 

 

 

Para matar al [Innombrable] 

 

Para matar al [Innombrable] se necesita:

el fondo oscuro de una reliquia,

un epitafio enterrado en el lodo,

sin alma y sin país,

 

y

quizás,

por más incoherente

que parezca,

 

un poeta vegano,

esclavo a su modo de la carne;

 

porque una historia así merece recitarse

dondequiera que haya uno o dos o más

 

reunidos en el nombre

de todos los

que han de volver.

 

Eso finalmente haría

morir a [Innombrable]

si aún viviese:  el

deleite puro

 

del tedioso inventario

 

de todas las maldades del mundo,

 

y de la luz

 

que romperá los techos

 

como hacen las termitas

 

antes de la gotera.

 

 

 

Alepo

 

Los labios de un niño aguardan

su muerte en Alepo.

Una nube da sombra. Y pasa.

 

Todo va bien, la virtud de la paciencia

embellece el paisaje.

 

Quiero verte lloriquear sobre una foto; sea éste

el último inodoro que funcione en la ciudad.

 

Las tripas revueltas de un cadáver cincelan el grafiti,

los labios dormidos, un momento

de parto, de aguarrás y sudor,

un brochazo que quiere ser mortal

 

–Todo tu vientre es oscuro

Todo en tu vientre es oscuro

Todo es oscuro en tu vientre.

 

Oda a la pipa de Magritte

 

Me gustan los objetos que duermen

impasibles,

cuyos pechos se entregan a una

pausa perfecta.

Logran

que todo se detenga en la quietud,

subyugan

la luz que los derrama en

el ojo

del curioso.  Y ahí

la tienen:

su destello cuelga a mitad de camino;

su viaje, interrumpido,

y una clave:

respira.