Invitados

CRISTIAN CÁRDENAS  

 

Nació en Pereira en el año 1988, estudió seminario de teología a muy corta edad, estudiante de la licenciatura en español y literatura de la universidad tecnológica de Pereira, fue invitado a la feria internacional del libro en la ciudad de Pereira en el año 2017 y 2018 y a diferentes eventos literarios de la región y el país. Algunos de sus poemas han sido publicados en revistar virtuales e impresas de la región y el país.

 

Me piden que cante de mi abuelo

 

No tuve nunca un regazo de abuelo donde posar la infancia

ninguna historia de amor ni eufemismos para la angustia

 

Imagino sus manos grandes y venosas que labraran la tierra

 

Dicen que mi rostro es su rostro

Que cantaba con voz de viento contra las piedras

Como un juglar por los ríos

 

Dicen que mi rostro es su rostro

y evito el espejo

La imagen sin memoria

 

Qué puedo cantar, yo

que no diferencio entre dolores

Aún estoy mirando por encima del platanal 

Cómo dejo de ser el hilo de mi cometa

 

Dicen que mi rostro es su rostro

Pero en estas aguas turbias

Nunca hay reflejo

 

 

 

 

Lo que fue del andén

                                                                                                          A Pueblo Rico 

Con sus perforaciones el cilindro ha logrado horadar 

bajo el hilo que ha provocado el niño

un dolor a pueblo que se esculpe en la ciudad.

Más allá de lo que fue un jardín está el sin mañana

la acera manchada por sangre y lodo que se seca con el alba 

 

Uno que otro derrumbe baja de la montaña las preguntas de lo humano

¿Quién caminó, quién a su paso violentado dejó sus sonrisas en la esquina del desprecio?

¡Lo recuerdo bien! era miedo, era él

 era el acecho tras el recuerdo de unos muertos 

 

Los gritos de los jugueteadores y crueles infantes, 

tocan las puertas de los negociados a muerte 

Jugamos a tirar el tarro a lo lejos, 

huyéndole a la angustia 

corremos desesperados

al encuentro de disparos  

Sobre el asfalto la pelota dejó de rebotar

La luz se ha ido, y el no saber qué hacer emerge de un sosiego que no llega

¿Quién podría ir a recoger la pelota en el techo de la veja loca? 

La que grita ¡devuélvanme a mis hijos! 

 

Afuera, 

los escombros de una niñez jugada a la guerra 

Provocan el llanto de una anciana 

Por su andén desolado  

 

El niño que deambula

 

Camino hacia la casa 

La que nunca me habita 

 

No sé dónde pertenezco 

Quién me sueña 

 

En la zozobra el dolor inacabado 

Una cucaracha boca arriba no deja de patear 

Lamo la llaga de la ciudad  

Oculto en las esquinas

cuelgan en los postes un delirio tristísimo

como el que ya no llora 

el que no ve caer más la luz sobre las cosas   

 

Tres camisas y un pantalón entre bolsas 

La ligereza de equipaje se llena con las ausencias 

 

No sé cuál es mi lluvia 

Esta sombrilla no detiene tanta amargura en cada gota 

 

Madre 

Ábreme la puerta   

Dios aún no ha llegado