Frank Báez

Santo Domingo, República Dominicana, 1978. Poeta, narrador, traductor. Ha publicado los poemarios: Jarrón y otros poemas (Madrid, 2004), Postales (Santo Domingo, 2009), Anoche soñé que era un DJ (Jai-Alai Books, 2014), La Marilyn Monroe de Santo Domingo ( Madrid, 2017), Llegó el fin del mundo a mi barrio. (Valparaíso, Ediciones México, 2017, España 2019), Este es el futuro que estabas esperando (Editorial Seix Barral, Bogotá, 2017). También ha publicado el libro de cuento: Págales tú a los psicoanalistas (Santo Domingo, 2007), así como la extensa crónica En Rosario no se baila cumbia (Buenos Aires, 2011), sobre su asistencia al Festival de Poesía de Rosario, en Argentina. En youtube hay videos de sus poemas musicalizados, como parte de su trabajo con la banda El Hombrecito, con la que editó en 2009 el CD Llegó el hombrecito. Con el libro Postales obtuvo el Premio Nacional de Poesía Salomón Ureña 2009, editado en Costa Rica, Argentina y República Dominicana. Ha sido traducido al francés, alemán, italiano y sueco. 

 

En la Biblia no aparece nadie fumando

 

Pero qué tal si Dios o los que escribieron la Biblia
se olvidaron de agregar los cigarros
y en realidad todas esas figuras bíblicas
se pasaban el día entero fumando
al igual que en los cincuenta en que se podía fumar
en los aviones y hasta en la televisión
y yo imagino a todos esos gloriosos judíos
llevándose sus cigarrillos a los labios
y expulsando el humo por las narices
en lo que aguardan
por sus visiones o porque Dios les hable,
e imagino a David tocando el harpa
en un templo lleno de humo,
a Abraham fumando cigarro tras cigarro
antes de decidirse a matar a Isaac,
a María fumando antes de darle a José
la noticia de que está embarazada,
e incluso imagino a Jesús sacando un cigarro
de detrás de la oreja y fumando
para relajarse antes de dirigirse a las multitudes
reunidas en torno suyo.
Yo no soy un fumador.
Pero a veces me vienen ganas y fumo
como en este instante en que miro la lluvia
caer tras la ventana
y me siento como Noé cuando esperaba
que pasara el diluvio y se la pasaba
de arriba a abajo por toda el arca
buscando donde había puesto
esa maldita cajetilla.

 

 

 

***

 

Alguien me dijo en un bar que escribiera
un poema sobre el terremoto de Haití
¿Para qué? La historia lo ha probado:
la poesía no puede arrebatarle bebés a la muerte.
Ni un hueso. Ni siquiera un zapato.

 

 

 

Llegó el fin del mundo a mi barrio, 2019.

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